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III. EL VINO EN NUESTRO ORGANISMO.
Tenemos afortunadamente una ingente cantidad de testimonios
escritos en el transcurrir de la historia, de grandes personalidades
del mundo de la medicina, la investigación, la cultura,
el arte, la literatura, y como no del saber popular, que podríamos
definir como el conocimiento más sabio de todos.
Legado que, como en el caso del precursor deontológico
de la medicina moderna, el Maestro Hipócrates, nos
dice, "el vino es una cosa maravillosa apropiada al hombre
si, tanto en la salud como en la enfermedad, se suministra
oportunamente y con justa medida, siguiendo la constitución
individual".
El Premio Nobel de investigación
el Profesor Pasteur, "el vino es la bebida más sana
que existe".
El Famoso literato Ernest Heminway
escribió, "El vino es una de las cosas más civilizadas
del mundo".
El abate Jerome Coignard, dice,
"Este vino aporta a la economía del cuerpo un calor
dulce y saludable".
Un dicho popular nos define
al vino así, "El vino es realmente el sol embotellado".
En la enorme historia del vino, por antigüedad y por
extensión, a pasado lógicamente por épocas
doradas, y otras ha sido fustigado con verdadera fruición.
En los momentos que vivimos estamos en el resurgimiento del
vino como alimento.
Se define a un alimento como, una sustancia comestible que
contiene macro y micronutrientes susceptibles de contribuir
a las necesidades del organismo humano.
La única sustancia que contiene el vino, considerada
como perjudicial para el hombre es el alcohol, y como todas,
lo es dependiendo de la cantidad que se ingiera y en el tiempo
que se haga, es decir volvemos al legado del Maestro Hipócrates.
Vamos a describir el metabolismo del alcohol en el cuerpo
humano, para conocer qué ocurre, y ser conocedores
de los riesgos reales que existen en la ingestión desmesurada
de ésta sustancia.
El alcohol es metabolizado en dos fases por dos enzimas que
se encuentran en dos órganos del sistema digestivo
humano, el estómago y el hígado, lógicamente
por ese orden, la primera enzima que actúa es la alcohol-deshidrogenasa,
abreviada como ADH, metabolíza el noventa y cinco por
ciento del alcohol o etanol, transformándolo en acetaldehído,
la segunda enzima es la acetaldehído-desidrogenasa,
abreviada ALDH, metaboliza el acetaldehído y
lo transforma en acetato.
El acetato es eliminado de nuestro organismo en
forma de calor, en un setenta por ciento, siendo el resto
absorbido y convertido en grasas de reservas y triglicéridos.
La ADH hepática tiene una capacidad de metabolización
limitada a un gramo de alcohol hora, cada diez de peso corporal,
es decir un individuo de setenta kilos, metaboliza siete gramos
de etanol a la hora, cuando se sobrepasa ésta dosis,
se pone en funcionamiento otro sistema enzimático el
citocromo P-450. Resultado, que el alcohol pasa directamente
a la sangre sin metabolizar, produciendo el estado de alcoholemia.
Esta metabolización no es igual en todas las personas,
las mujeres tienen menos capacidad enzimática que el
hombre, al igual que los indígenas como los indios,
los aborígenes o los esquimales, los organismos no
habituados a beber alcohol producen menos cantidad de ADH
gástrica, lo que produce un estado de alcoholemia con
menor cantidad de alcohol ingerido.
Para conseguir el máximo rendimiento en la metabolización,
no beberemos alcohol en ayuna, o con la sensación
de estómago vacío, que provoca un paso muy
rápido en el estómago, no dando tiempo de actuación
a la ADH gástrica, pasando directamente al intestino
delgado que lo traslada a la vena porta y ésta a su
vez al hígado.
Es necesario acompañar siempre antes de beber algún
otro alimento sólido, a ser posible proteínas-lípidos,
para cerrar el píloro, y mantener de esta forma el
alcohol en el estómago el tiempo suficiente para que
actúe adecuadamente. La paradoja francesa, se suscitó
en los estudios epidemiológicos realizados a partir,
de comparar los hábitos nutricionales de grupos de
personas con igual consumo de grasas saturadas, y desigual
incidencia en índices de mortandad y en tasas de enfermedades
cardiovasculares y cardiocerebrales.
Se comprobó que aquellas personas que consumen de
forma habitual y no episódica vino, con las comidas
y en cantidad no superior a los cuarenta gramos de alcohol
día para los hombres y algo menos de la mitad para las mujeres,
presentan un índice de riesgo de mortalidad coronaria
del quince al sesenta por ciento inferior, en relación
con las personas abstemias o consumidoras de mayor cantidad
de alcohol.
El vino tomado en esas cantidades, cotidianamente, y en las
comidas, ejerce un papel benefactor en el sistema cardiovascular,
tanto en el continente como en el contenido.
En el continente por la acción del descenso
en las tasas del colesterol saturado LDL, y un aumento del
índice de colesterol insaturado HDL, en su subfracción
HDL2, que proporciona una actividad limpiadora de los
depósitos grasos de las arterias, previniendo problemas
de ateroma.
En el contenido, teniendo una acción fluidificadora de la
sangre evitando la formación de coágulos, disminuyendo
las tasas de fibrinógeno, que podrían provocar
una trombosis circulatoria, y con la disminución de
la adición plaquetaria, se evita el estrechamiento
de la arteria,
Todo lo dicho anteriormente es trasladable a individuos sanos
con ninguna enfermedad que le produzcan interacciones negativas,
en el consumo de alcohol.
El alcohol sólo explica el cincuenta por ciento de
los procesos beneficiosos del consumo de vino, éste
cuenta con sustancias que se convierten en antirradicales
libres o antioxidantes, como son los polifenoles, en sus distintos
tipos, éstas sustancias recubren las células
sanas, evitando que, por la ruptura de las células
dañadas, productoras de electrones solteros o radicales
libres, ávidos de encontrar pareja, se fijen en una
célula sana, produciendo una oxidación de la
membrana perdiendo su flexibilidad natural, provocando una
rigidez en los tejidos vasculares.
Sabemos que un litro de vino de doce grados de alcohol por
volumen corresponde a noventa y seis gramos de esta misma
sustancia, es decir una relación de cada grado por
volumen equivalen por ocho gramos de alcohol, según
todo lo expuesto, estamos hablando de cuarenta centilitros
de vino al día repartidos en las comidas de un día,
de un vino de graduación normal, lo que equivale gráficamente
a media botella de setenta y cinco centilitros, capacidad
estándar.
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