|
I. INTRODUCCION.
Con esta relación de conceptos que a continuación describo,
no pretendo más que, un acercamiento al mundo del
vino, que sirva para comprender mejor, éste alimento
tan unido al ser humano, del cual podemos disfrutar tan
cotidianamente y siempre de forma moderada, haciendo caso
al maestro Hipócrates.
En la observación metódica de las características
organolépticas de los vinos, está el camino
que recorreremos para llegar a conocerlos y entenderlos, y
nos lleva inexorablemente a apreciarlos, y recibir ese placer
preconizado por entendidos y profesionales.
Gracias a nuestros órganos fisiológicos, la
vista, el olfato, el gusto, y el tacto, hay quien dice también,
que el oído, destinados a la percepción de los
estímulos externos, y utilizándolos de forma
sistemática, llegaremos a mantener esa comunicación,
que a priori nos puede parecer una mezcla de magia e imaginación,
y que sin duda, una vez alcanzada se convierte a la vez en
fuente y búsqueda inagotable de sensaciones.
Hagamos algunas observaciones sobre las peculiaridades de
cada sentido, aún siendo elementales, nos aclaran algunos
conceptos que posteriormente irán surgiendo.
El oído es un sentido que actúa al recibir
vibraciones, que viajan en un medio elástico como es
el aire, la vista es sensible a estímulos en forma
de radiaciones, en la horquilla de trescientos noventa a ochocientos
veinte nanómetros, el tacto es básicamente
un sentido receptor de estímulos físicos, de
presión y de sensaciones térmicas, y el olfato
y el gusto, son llamados sentidos químicos,
ya que ambos actúan por contacto con las sustancias
químicas, en el medio gaseoso las odoríferas,
y en líquidos y sólidos las sápidas.
Siendo éstos dos últimos sentidos los de mayor
importancia, dado que son los que nos aportan la mayor información
en la cata del vino, habremos de ser conocedores de las sustancias
químicas más importantes en él.
Estos estímulos, trasladados por el vino, recibidos
por nuestros receptores fisiológicos, cada uno por
un sistema de transmisión independiente, son enviados
a nuestro cerebro, convirtiéndose en sensaciones.
Toda sensación que llega a nuestro cerebro tiene
unos umbrales de percepción, de identificación,
de diferenciación, y de saturación. Se define
como umbral, a la cantidad mínima, medida en gramos
o miligramos por litro, de una sustancia en disolución
que necesitamos para detectarla y clasificarla de la siguiente
forma:
Umbral
de percepción, cuando tenemos conciencia de alguna
sensación indefinida.
Umbral
de identificación, cuando somos capaces de relacionar
la sensación con algo conocido y archivado en nuestra memoria,
de tal forma que sabemos perfectamente que olor o sabor es.
Umbral
de diferenciación, cuando la cantidad de gramos
o miligramos varía, y somos capaces de diferenciar
la concentración de la sustancia ya identificada.
Umbral
de saturación, cuando no somos capaces de diferenciar
el aumento de la concentración, a partir de una cantidad
determinada de gramos o miligramos.
Una vez identificadas y contrastadas las características
del vino, ahora nos queda trasmitirlas, para tener un lenguaje
común compartido y entendible por todos. Utilizaremos
el lenguaje establecido para la cata, si bien hasta
conseguir expresar cada una de nuestras sensaciones, de forma
concisa, se establecen unas normas básicas de obligado
cumplimiento que nos ayudarán a recorrer éste
camino, y que como todos los principios básicos, nunca
se deben de olvidar, de hecho cuanto más experiencia
más se utilizan.
Siempre diremos lo que percibamos e identifiquemos, sin temor
a equivocarnos, no haremos valoraciones que no apreciemos
o identifiquemos, los enunciados serán los más concisos
que nuestra capacidad lingüística nos permitan,
siempre serán coherentes y estaremos abiertos a la
posible contradicción de otros catadores, que a su
vez tendrán el mismo tratamiento con nosotros.
En esta comunicación del vino catado y entre catadores,
extraeremos la magia del vino.
|