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II. LA PERCEPCION.
1. PERCEPCION AUDITIVA. No considero
esta fase significativa, ya que lo único que nos aporta es
la remota posibilidad de que algún vino al caer en
la copa no haga ruido, se le llama vino sordo, lo que significará,
que está hilado, haciendo la advertencia, que los generosos
dulces o secos con alto contenido en azúcar residual,
y alta graduación en alcohol por volumen de vino, tienen
lógicamente poca fluidez, son vinos que no hacen ruido
al servirlos, no lo confundamos con los sordos, ya que obviamente
no están defectuosos, y forma parte de las características
globales de éstos vinos.
2. PERCEPCION VISUAL. Es el primer
sentido implicado en la cata, si obviamos el oído.
La valoración que obtendremos en ésta primera
observación es especulativa, si bien con una buena
formación no habrá grandes sorpresas en las
fases posteriores. Dividiremos ésta fase en dos grandes
apartados, el estado en el que se encuentra el vino, y las
características de éste.
| 2.1. ESTADO.
La situación en la que se encuentra el vino
nos lo indicará su viveza, su evolución
y su limpieza. |
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2.1.1. VIVEZA. Esta información
está en el color y nos marca el nivel de energía
y fuerza visual del vino. Se suele decir que el color
es la cara del vino. Sabemos que algunos taninos
son los responsables de los pigmentos amarillos en
todos los vinos, y los antocianos son los
responsables de los rojos en los tintos y rosados.
Tanto unos como otros evolucionan con el tiempo degradándose
en vivacidad y modificando su color: los taninos van
adquiriendo una mayor intensidad en sus amarillos, mientras
que los antocianos van perdiendo intensidad y van cayendo
físicamente creando sedimentos coloidales en
la botella.
Para conservar el mayor tiempo posible la vivacidad
en los pigmentos colorantes, se establece la relación
de que a mejor calidad de éstos, más tiempo tendremos
el vino con esa característica de fuerza visual,
físicamente significa que el tamaño
molecular sea el adecuado. Para que esto ocurra
se utilizan diferentes técnicas en viticultura:
selección de variedades y clones de cepas; siempre mejor
las cepas viejas; escasez de agua; una buena maduración
de la uva. Y en enología: buen control de temperatura
en la fermentación tumultuosa y buena maceración en
tintos; la ausencia de filtraciones intensas; la crianza
en barrica de roble (polimerización).
Matizar la tonalidad del vino dentro de su color,
y lo que ello significa con relación a su estado
de mayor o menor viveza y energía, es la información
que obtendremos en la observación de éste
punto.
He aquí una relación de colores en vinos
que van en los blancos, desde el blanco metálico,
pálido, verdoso, limón, paja, dorado,
oro, oro viejo, miel, cobre, ámbar, pardo, y
caoba en vinos muy viejos con muchos años de
crianza.
En los rosados la gama comienza con los grisáceo,
rosa, violeta, cereza, frambuesa, fresa, albaricoque,
salmón, ladrillo, y piel de cebolla. En los tintos
comenzando por los vinos del año denominados
cosechas o vinos jóvenes, llegando hasta los
más viejos con una gran evolución en ellos,
el azulado, violáceo, granate, rubí, cereza,
leonado, atejado, chocolateado. Hay que matizar siempre
la diferencia de tono entre dos zonas distintas
de la copa en consonancia con la cantidad de vino que
se encuentra en cada una de ellas, el ribete y el
corazón del vino. En los tintos con crianza,
desde el punto en el que hay más cantidad del
vino(corazón), hasta llegar al borde, donde el
vino está en contacto con el cristal (ribete),
hay diferentes tonalidades llamadas fajas del color.
2.1.2. EVOLUCION. Estamos ante
una característica que existe en todos los
vinos, dado que el vino nace, vive, y muere, en
ésta evolución natural, el hombre siempre
ha intentado poner los medios adecuados para conservar
los vinos el máximo tiempo posible en las mejores
condiciones de consumo.
Así llegamos de manera fortuita, a los tratamientos
de crianza en barricas o toneles de roble, ya
que al principio éstos recipientes eran utilizados
únicamente por su manejabilidad, y su buena adaptación
al transporte marítimo, dándose la curiosa
circunstancia de que fueron verdaderas boyas de salvamento
para algunos barcos.
En la construcción de toneles, se probaron multitud
de maderas de distintos árboles, la práctica
en el transporte y la observación organoléptica,
la cata, de los vinos a su llegada a puerto, llevó
a la conclusión de que la madera de roble, era
la única, que a la vez de servir de recipiente
para el transporte, aportaba algo a los vinos que los
mejoraban y les aportaba una mayor estabilidad en
el tiempo. Con la experiencia de los siglos y teniendo
buen criterio, la crianza del vino en madera de roble,
armoniza, redondea, complementa, y ensambla, sus propiedades,
pero nunca debe ocultar a los aromas primarios, nos
encontraríamos con un vino reseco, maderizado,
sin personalidad, y sin la sensual y carnosa fruta,
lógicamente con sus matices de evolución,
que le dio la vida y su ser diferenciado.
Posteriormente, la utilización del vidrio en la presentación
de los distintos formatos clásicos de botellas:
bordelesa, borgoñona, riojana, alsaciana, Rhin,
Oporto, Jerez, Chianti, y en la actualidad, formatos
innovadores, con dispar suerte. Con la inapreciable
utilización del corcho, sirvieron y sirven, para
el mantenimiento, conservación y evolución,
de los vinos en éstos recipientes de incalculable
valor, que han servido al mismo tiempo, para hacer llegar
el preciado líquido, al consumidor en unas condiciones
ideales.
No cabe duda que las dos etapas referidas anteriormente
son evoluciones del vino en su vida.
Algunos vinos, una vez embotellados no adquieren
ninguna cualidad positiva, por lo tanto, su evolución
no se contempla como técnica enológica,
y hay que bebérselos pasados no más de
algunos meses, si no queremos llevarnos una desagradable
sorpresa.
Los llamados vinos de guarda generalmente tintos,
Oportos y algunos, más bien escasos blancos,
son los destinados a una evolución positiva
en botella en la que se integran, armonizan y redondean
todos sus componentes.
Conocemos que, cuando el vino está en la botella,
en el estado de reducción (situación en
la que el vino fija hidrógeno y pierde oxígeno)
el vino produce unos cambios químicos que paulatinamente
lo llevarán hasta su ocaso, de forma irreversible
pero, en ésta evolución, el vino conseguirá
durante un periodo de tiempo su máxima plenitud
organoléptica, que de ninguna otra forma sería
posible.
El estado de conservación de la botella
será de vital importancia para conseguir, que
la meseta de esta curva en la que el vino expresa toda
su potencialidad, sea lo más larga posible.
Para conseguir lo anteriormente expuesto seguiremos
unas normas de obligado cumplimiento.
Evitaremos las oscilaciones térmicas noche
y día, las producidas por los cambios estacionales
serán mínimas y por consiguiente muy lentas
y paulatinas.
Controlaremos las temperaturas, no tendremos
graduaciones inferiores a siete grados centígrados
en los que la evolución se paraliza, y llega
a producir fusión de sustancias formando coloidales
como tartratos y bitartratos, ni superiores a catorce
grados centígrados en los que la evolución
se acelerara indeseablemente, lo que producirá
que nuestras botellas envejezcan prematuramente.
Evitaremos de igual forma que las botellas tengan
una exposición directa a la luz, los tubos
fluorescentes normales, las lámparas alógenas,
no son aconsejables, las bombillas de filamentos de
bajo voltajes son las menos agresivas y más comunes,
si bien podemos encontrar en el mercado unos fluorescentes
de diámetro muy pequeño con la característica
de dar una luz anti-violeta, de baja intensidad y bajo
aporte calórico. Los malos olores son un riesgo
para cualquier vino, una buena ventilación es
imprescindible para que no se estanquen olores extraños
que con probabilidad serán captados por los vinos.
Los malos olores son un riesgo para cualquier vino,
una buena ventilación es imprescindible
para que no se estanquen olores extraños que
con probabilidad serán captados por los vinos.
El control de una humedad relativa nunca inferior
a los 65% con lo que se resecaría el corcho,
produciendo fisuras y grietas en su estructura, y la
pérdida de una de sus tres cualidades, la hermeticidad
dejando posibilidad a la entrada del oxígeno
al interior de la botella, o permitiendo la salida del
vino hacia la cápsula, sin olvidarnos de las
dificultades que nos encontraríamos a la hora del descorchado,
sería muy difícil extraerlo sin que se rompiera y desmenuzara.
En el extremo contrario, con una humedad superior a
85% se produce enmohecimientos en el corcho, produciendo
hongos que podrían entrar en contacto con el
vino.
En cuanto a los componentes del vino, sabemos que unos
son más estables en el tiempo: el alcohol etílico,
el alcohol glicérico, los azúcares. Y
otros más inestables: los ácidos, las
sustancias aromáticas, los antocianos y taninos.
2.1.3. LIMPIEZA. Esta característica
es imprescindible en todos los vinos y para
la buena calidad de los mismos. Hay dos orígenes
que producen turbidez en los vinos, una natural producida
en la fermentación: son sustancias coloidales
que son eliminadas por clarificación, y filtración
antes del embotellado.
Más tarde cuando descorchamos la botella nos
podemos encontrar con falta de limpidez, al encontrarnos
tartratos (bitrartrato potásico o tartrato de
calcio) son precipitados en forma de cristalitos, tan
solo se pueden distinguir entre ellos por su sabor el
primero ácido y el segundo neutro, podemos decir
que estos precipitados localizados generalmente en el
fondo de la botella, a veces en el corcho, y algunas
otras cuando no son demasiado grandes como partículas
flotantes, son normalmente de vinos jóvenes que
no han tenido tiempo de estabilizarse o aquellos no
jóvenes que no han sido bien estabilizados, o
incluso debido a una temperatura de mantenimiento inferior
a la que le correspondía.
Aparición de lías o heces, que forman
una pequeña madeja flotante producida por una
mala asepsia, también por una mala estabilización
del vino provocando pequeñas fermentaciones al
contener la masa vínica restos de levaduras,
saccharomices (ellipsoideus, cereviasiae, bayanus, chevalieri,
italicus…).
En los blancos, se reconocen cuatro quiebras producidas
en momentos distintos y por distintas combinaciones
de elementos, la férrica, la cúprica,
la proteica, y la tartarica, en los tintos tan solo
se da la primera, todas van acompañadas de olor y sabor
muy desagradables.
En algunos vinos tintos encontrarnos antocianos
ya caídos, desligados de la estructura del
vino, no se considera un defecto si tratamos con
una añada venerable que ha estado muchos años
en botella ó, en algunos no tan viejos pero que
han sido macerados de forma intensa, y sus filtrados
fueron respetuosos, para preservar en él todas sus características
varietales, y mantener viva la fruta, haciendo un vino
bien ensamblado con aromas primarios mantenidos el mayor
tiempo posible durante la vida del vino.
Con una correcta decantación, se consigue
un servicio del vino en estado de limpidez, a
la vez que se benefician de una aireación para
oxigenarse y abrirse de su estado de reducción,
y a los vinos justos de estructura y cuerpo,
generalmente por su elevada edad, con un reposo
de la botella sin descorchar en canasta de servicio,
de al menos una hora, se soluciona el problema anterior.
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| 2.2. CARACTERISTICAS.
Se divide su apreciación en tres aspectos que nos
dan una información muy representativa del vino;
transparencia, tensión superficial, y efervescencia. |
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2.2.1. TRANSPARENCIA. Esta
cualidad se define como la capacidad del vino en dejar
pasar la luz a través de él, así
pues, nos encontramos con vinos que podemos ver a través
de ellos con toda nitidez y otros totalmente opacos.
Los primeros son los blancos, algunos rosados, de no
ser así tendrían un defecto de limpidez. En los
tintos, oportos, olorosos, dulces y algún otro es donde
si hay que observar con profusión éste matiz,
denominado vino más o menos cubierto, o con más
o menos capa.
La pigmentación en los rosados, tintos y oportos
se desarrolla con la maceración manteniendo los
hollejos en contacto con el mosto, ya que todas
las sustancias fenólicas responsables de los
pigmentos del vino se encuentran ahí,
hay muy pocas uvas con pigmentación en la pulpa,
casi siempre ésta operación coincide con
la fermentación tumultuosa, en el desprendimiento
del anhídrido carbónico las sustancias
sólidas son desplazadas hacia arriba. Con la
técnica de los remontados del mosto para regar
el sombrero (sustancias sólidas del racimo: hollejos,
pepitas, raspones, lías), los pigmentos pasan al vino.
Todo esto es posible siempre que se vendimie con una
buena maduración de la uva, y se encuentre sanitariamente
en buen estado, concretamente en éste apartado,
que los hollejos se encuentren enteros, y sin daños
de cualquier enfermedad criptogámica, si esto
es así, se consigue una buena concentración
de polifenoles (antocianos), actualmente ya se analiza
la cantidad de esta sustancia en los racimos antes de
la vendimia, para decidir el momento óptimo de
ésta.
En la observación de éste punto, apreciaremos
vinos totalmente transparentes, y los que no lo son
se definen según la intensidad de su pigmentación
en baja capa, capa media, vinos cubiertos, y
los denominados vinos de tinta, que es imposible
ver algo a través de ellos.
2.2.2. TENSION SUPERFICIAL. Coloquialmente
denominada lágrimas, o piernas del vino. Son
las gotas que se concentran en determinados puntos del
interior de la copa una vez que se agita y que caen
lentamente al fondo. Existe una relación directa
entre el grado alcohólico y el grosor de la misma,
así pues a mayor grado más gruesa y densa
es la lágrima.
Del mismo modo y con mucha anterioridad como técnica
en viticultura a la anterior del control de concentración
de polifenoles en racimo, se realizan análisis
de concentración de azúcar, para conocer el grado
alcohólico potencial del futuro vino, (17grs=1ºalcohol),
a una temperatura de fermentación de veinte grados
centígrados, al bajar la temperatura en la fermentación
tumultuosa, caso de los blancos y rosados, se necesitan
menos grados baume, para conseguir el mísmo grado alcohólico
por volumen.
El vino es una sustancia hidroalcohólica, y
el alcohol es tensoactivo, esto quiere decir que una
sustancia como el vino que contiene una cantidad de
alcohol por volumen tan importante, forma gotas más
pequeñas que el agua, además el alcohol
es más volátil que el agua, de ésta forma
asciende más rápidamente por capilaridad.
El fenómeno físico de la lágrima
del vino, viene explicado por el efecto Marangoni, es
la atracción resultante de las moléculas
componentes del vino y del cristal.
En los puntos de concentración de la lágrima
es mayor la fuerza de atracción entre las moléculas
del cristal y del vino, que la conocida como Van der
Waals, fuerza de atracción que todas las moléculas
de una misma sustancia tienen entre sí, más tarde
el alcohol asciende por el efecto de capilaridad, produciéndose
el descenso por gravedad.
Si bien hacemos la salvedad que si realizamos la prueba
con alcohol puro no se producirá el efecto de
la lágrima, dado que la sustancia al no tener
más que un solo componente, la fuerza de Van
der Walls es superior a la de tensión superficial
entre el alcohol y el cristal. Con la observación
de éste fenómeno, estamos en disposición
de hablar de vino fluido, denso, oleoso, glicérico,
y viscoso.
2.2.3. EFERVESCENCIA. Esta
característica se detecta muy fácilmente
al observar gas carbónico en disolución
con la masa vínica, existen distintos tipos de
gasificación.
En los vinos jóvenes, bien blancos o
rosados, por este hecho de juventud les pueden quedar
restos de anhídrido carbónico de la
fermentación tumultuosa. En los tintos de
maceración carbónica, al efectuar
la fermentación sin la rotura del grano hace
que ésta se realice en el interior de la uva,
incorporando anhídrido carbónico a la
masa vínica; se tratan de burbujas muy pequeñas
desperdigadas y sin orden, siempre que éstas
no hayan sido producidas por una segunda fermentación
en botella no se las debe de achacar a un defecto.
El siguiente tipo, son los vinos de aguja, rosados
o blancos, éstos en la fermentación se
les cierran los tanques ó bien se les añaden
carbónico exógeno, se aprecia un desprendimiento
de burbujas gruesas, desordenadas y poco persistentes.
Otro tipo son espumosos vinificados en granvas, o
método charmat se tratan de vinos en los que la
incorporación del anhídrido carbónico
se realiza en el proceso de fermentación, en
grandes tanques cerrados herméticamente, estos
vinos desprenden abundante cantidad de burbujas de
tamaño mediano grande, no filiforme.
Y por último los grandes espumosos por excelencia
los de elaboración tradicional, son los espumosos
con segunda fermentación en la misma botella
que abrimos para su toma, son vinos por lo tanto
con crianza lo que les confieren el bouquet suficiente
para ser grandes vinos, éstos vinos desprenden
burbujas filiformes en puntos indeterminados
de tamaño pequeño formando una corona
en la superficie del vino. La temperatura adecuada del
vino nos aportará burbujas pequeñas que
se desprenderán lentamente, el efecto contrario
lo percibiremos con una temperatura alta, y no adecuada,
es decir burbujas medianas-grandes, y con desprendimiento
rápido.
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