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II. LA PERCEPCION.
3. PERCEPCION OLFATIVA. Esta fase es
muy importante en la cata de los vinos, se dice que los vinos
saben a lo que huelen, hemos de recordar que no, solo se huele
por la nariz.
Fisiológicamente la nariz es el conducto más
directo que tenemos para oler, se define como vía directa,
y es el que proporciona mayor caudal de aire, y por lo tanto
mayor cantidad de sustancias odoríferas. Este llega
a la mucosa pituitaria u, olfativa, que cubre el cornete superior,
al llegar aquí, se encuentra limpio, húmedo,
y habiendo pasado los tests de irritabilidad, teniendo como
última defensa el estornudo para rechazar y evacuar
la sustancia no deseada.
Para todo catador el estado de la nariz es de vital importancia,
siendo el moco una sustancia imprescindible para conseguir
estar en disposición de tener buena receptividad olorosa.
Segregamos una cantidad de un litro y medio de moco al día,
el moco básicamente es una sustancia compuesta por
agua, gel, y proteínas, la mayor parte de éste
moco se utiliza para humidíficar el aire que respiramos, otra
parte se disuelve, y el resto nos lo tragamos.
El moco debe de encontrarse en una disolución acuosa
y fina cubriendo todas las paredes de entrada a la nariz,
y de los cornetes, éste estado del moco hace que las
sustancias odoríferas se encuentren en las mejores
condiciones para ir ascendiendo hasta llegar a su meta, que
no es otra que la mucosa pituitaria.
También olemos al introducir el vino en la boca,
denominada vía indirecta, con la rinofaringe,
que hace de comunicador entre la boca y el aparato olfativo,
se percibe lo que definimos como aromas o buque en boca
por vía retronasal, precisamente al entrar el vino
en la boca adquiere una temperatura superior a los veintiocho
grados centígrados, haciendo perceptibles sustancias
aromáticas más pesadas y grasas que no detectábamos
en nariz.
Para que una sustancia sea apreciada odoríferamente
es necesario que tenga la capacidad de volatilizarse, es decir,
desprenderse del estado líquido del vino.
La mucosa olfativa es la verdadera receptora física
de las sustancias odoríferas, traslada las sensaciones
al sistema de comunicación del cerebro, así
para que una sustancia se pueda oler es imprescindible su
solubilidad en dicha mucosa.
En el vino existen diferentes sustancias capaces de realizar
esta acción como alcoholes, aldehídos, ácidos,
cetonas, terpenos, ésteres.
La potencia olorosa de una sustancia viene condicionada por
dos características esenciales, la primera es la mayor
o menor volatilidad. A mayor volumen molecular, más
volatilidad, hasta un máximo de diez átomos
de carbono por molécula, a partir de ahí son
moléculas pesadas, y por lo tanto poco volátiles.
Y la segunda característica viene condicionada por
la propia intensidad olorosa intrínseca de la sustancia.
Las sustancias muy volátiles o muy terpénicas,
que percibimos muy fácilmente dada sus características,
son las que encontramos a copa parada; las menos
volátiles, más pesadas, de fondo, las percibiremos
a copa movida, gracias al aumento en la superficie
de evaporación; también en los aromas en boca,
al gasificarse dichas sustancias y despegarse de la masa vínica,
sirviendo en este caso el aumento de temperatura por contacto
como reactivo.
Hay establecida una clasificación de diez series o
grupos de olores, que siendo honestos es arbitraria, pero
nos ayuda a esquematizar y ubicar las sensaciones odoríferas:
vegetales, florales, frutales, ésteres, químicos,
balsámicos, especiados, maderas, empireumáticos,
y animales. Para realizar una cata estructurada dividiremos
las percepciones que recibamos en cinco tipos distintos según
en que momento se hayan producido en la elaboración
del vino: varietales, prefermentativos, fermentativos, crianza
y envejecimiento.
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3.1. VARIETALES. Son los condicionados
por cada código genético de las aproximadas 5.000
variedades, de vitis vinífera sativa (dióicas,
portadoras de flores hermafroditas) que provienen por
mutación genética de la vitis vinífera
silvestri (monóica portadoras de flores de un
solo sexo).
Son aromas denominados primarios, son la base,
a los que se irán acoplando los demás,
en el desarrollo de cada una de las etapas de la vinificación
se encuentran en los hollejos y en muy pocas variedades
en la pulpa (moscateles, malvasía).
Existen dos tipos de sustancias según
la dificultad en incorporarse a la masa vínica,
la primera son sustancias odorantes, se transmiten
al mosto y posteriormente al vino, las segundas son
las odorígenas, éstas están asociadas
a otras sustancias y es necesario activarlas mediante
enzimas ólevaduras seleccionadas capaces de romper
dicha unión, y de ésta forma hacer florecer
los llamados aromas ocultos, la tendencia en la enología
actual, es tratar de hacerlos perceptivos.
La elección del momento ideal de vendimia, dará
con una materia prima de buena calidad y por consiguiente
capaz de ofrecer sus terpenos característicos
de varietal, y con la peculiaridad del terruño,
ése momento idóneo, se establece en la semana
que aproximadamente dura la maduración tecnológica,
etapa en la que la uva concentra la mayor cantidad de
aromas, no antes que sería un mes después
del envero en los que los aromas se van incorporando
rápidamente al grano, con una parada aromática
de una semana, ni después que se establece la
maduración industrial, ( mayor grado baume )
en los que la uva pierde rápidamente la concentración
de aromas adquiridos en su etapa principal, llegando
a la sobremaduración en la que los aromas se
degradan y pierden lentamente.
Así tenemos los aromas característicos
de cada variedad, con el permiso del terroir, este término
no solo nos habla de la composición de los materiales
que componen el suelo como arcillas, pizarras, cantos
rodados, albarizas, arenas, etc., también del
drenaje, la orientación, la latitud, la altitud, y el
microclima específico del pago, todo ello conllevará
un conjunto de características intransferibles
al viñedo, por ello nos encontraremos diferencias
en los aromas varietales dependiendo de la procedencia,
si bien un buen catador reconoce la variedad y las características
anteriormente expuesta.
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3.2. PREFERMENTATIVOS. Son
aquellos que se producen desde el momento mismo de la
recogida del grano hasta llegar a la fermentación
alcohólica, se establecen unas reacciones bioquímicas
producidas por enzimas que, hacen necesario que el tiempo
de transición hasta llegar a la fermentación
sea el más corto posible para que esos alcoholes
de o átomos de carbono y aldéhidos aromáticos
no tengan tiempo suficiente para actuar sustituyendo
a los varietales.
Otro aspecto muy importante es el transporte de la
vendimia a la bodega, se hace necesario que los granos
no lleguen a romperse dado que al encontrarse el mosto
con las levaduras indígenas adheridas en la pruina,
comenzaría una fermentación alcohólica
espontanea e incontrolada y por lo tanto no deseable,
en vendimias automatizadas se impone realizarlas de
noche, así estas reacciones negativas se reducen
gracias a la menor temperatura ambiental. Estos aromas
se denominan también primarios.
3.3. FERMENTATIVOS. Este proceso
que hasta la llegada del señor Pasteur, se creía
mágico, es el verdadero nacimiento del vino con
criterios de control de calidad. Es producido por un
microorganismo unicelular, las levaduras, que si bien
existen en el propio microclima, son las llamadas indígenas,
existen otras gracias a la microbiología, que
han desarrollados levaduras y enzímas denominadas
exógenas, las cuales son capaces de aportar en
momentos distintos del proceso fermentativo una serie
de aromas muy apreciables e importantes para la complejidad
de los vinos, estos aromas odorígenos, son muy
importantes para todos los vinos, pero especialmente
en los jóvenes, que no poseen buque dado que
no tienen crianza.
Otro aspecto de vital importancia en el desarrollo
de los aromas fermentativos y del mantenimiento de los
varietales, es la temperatura en la que se desarrolla
la fermentación tumultuosa. Cuando la
Saccharomyce, ingiere una molécula de azúcar
básicamente sacarosa o frutosa, y pasa a ser
una de alcohol etílico, se produce un desprendimiento
de gas carbónico que hace subir la temperatura
del mosto, se desprenden 23,5 kilocalorías/litro
por cada 180 gramos de glucosa, circunstancia que puede
detener la propia fermentación por muerte de
las levaduras, y los aromas frutales van desapareciendo
dando paso a aldehidos sin finura aromática,
antiguamente se abrían las puertas y ventanales
para refrescar el mosto, hoy en día se controla perfectamente
éste proceso con los depósitos en acero inoxidable
y con sistemas de enfriamiento por agua, y salida de
gases regulable, las temperaturas escogidas son distintas
según la variedad de uva y el tipo de vino que
se está vinificando.
3.4. CRIANZA. El vino se cría
en botas o barricas de roble, con excepción de
los espumosos al método champanoise o tradicional,
que lo hacen en la misma botella sobre sus lías.
Parece evidente la coincidencia en el hábitat
del género quercus (roble) y de la vid, además
de las características morfológicas del
roble al estructurarse en radios medulares, éstos son
duros e impermeables y van desde el centro del tronco
hacia su corteza, son transversales a los anillos de
crecimiento y a sus tráqueidas, proporcionando
una madera resistente y flexible a la vez, que admite
el combamiento de las duelas.
Los finos, manzanillas y amontillados, se crían
en botas de madera vieja, bajo el velo en flor, y por
el sistema de crianza biológica, con criaderas
y soleras, éste último tratamiento también
se realizan a los olorosos y dulces. Hay algunas variedades
de uvas blancas que por su potencial en el código
genético admiten beneficiosamente la fermentación
en barrica nueva, y su posterior crianza en ella, si
bien son los tintos los que por sus potencialidades
fenolicas tienen mejor acople a la crianza en roble.
Para puntualizar lo que ocurre con el vino en el proceso
de crianza diremos que se origina una micro-oxigenación
por los poros de la madera siendo ésta muy
lenta y progresiva, dependiendo del grosor de las duelas
22 m/m en Burdeos 28m/m en Borgoña.
También tiene mucha importancia la procedencia
de la madera utilizada, sea francesa o americana,
siendo la primera más porosa y necesitando
el tratamiento de aserrado de los cuartones para que
los radios medulares queden en paralelo a la línea
exterior de las duelas, y sirva de impermeabilizante
y la madera no embeba demasiado vino. La segunda
tiene una madera más compacta y admite
el tratamiento del corte a sierra, existiendo matices
diferenciados en el aporte de bouquet a los vinos entre
una y otra.
Gracias a la micro-oxigenación los taninos
se polimerizan, es decir aumentan su tamaño molecular
y ganan en calidad y suavidad, a la vez que ayuda
al acoplamiento de éstos con los antocianos,
ganando en estructura y estabilizando el color del vino,
a la vez el roble aporta al vino sustancias como,
lignina (grasas y ceras) y celulosa (taninos), sustancias
que bien integradas al vino nos aportan una mejor
calidad organoléptica.
Y por último en la barrica se produce una decantación
de las partículas coloidales, de tal forma que
se ejerce una clarificación del vino mucho más
natural, permitiendo en todo caso unas filtraciones
menos agresivas.
En el plano organoléptico nos encontramos con
el aporte de una mayor estabilidad en el tiempo,
siendo más importante en la madera francesa
al ofrecer una mayor polimerización, al ser la
madera más porosa, y permitir un flujo mayor
de micro-oxigenación.
Un aporte de aromas a vainilla, coco, plátano,
piña, con nariz golosa, y mayor riqueza aromática
en la madera americana que en la francesa que nos
da aromas secos, especiados, ahumados, tostados, y nariz
secante con un menor aporte de aldehídos
aromáticos, tostados de mayor o menor intensidad,
dependiendo del quemado más o menos intenso que
haya recibido la barrica.
En la fase gustativa los taninos americanos son más
blandos, suaves, grasos, con una notoriedad en estructura,
al tener menor números por densidad de madera
que la francesa, que nos ofrece taninos secos, vivos
con una notoriedad en longitud.
3.5. ENVEJECIMIENTO. Se dice que
el vino se cría en madera y envejece en botella,
parece cierto, si bien existen algunas excepciones:
hay vinos que una vez embotellados no adquieren ninguna
cualidad positiva, y se hace recomendable su toma en
un espacio de tiempo corto. Los vinos que no han tenido
crianza están todos en esta circunstancia, los
finos, manzanillas, amontillados, son vinos con crianza
en madera bajo velo en flor, cuando son embotellados
están listos para tomarlos no siendo aconsejable
su guarda porque irá en detrimento de sus cualidades
organolépticas. Lo mismo ocurre con los espumosos
elaborados bien al método charmat ó gran
vas, champanoise ó tradicional, aunque su crianza
la han recibido en la botella en un proceso de autólisis
de sus propias lías una vez realizado el desgüelle,
el aporte del licor de expedición, encorchado,
asegurado con el alambre o morrión en la botella,
y tras un ligero removido para que se mezcle bien la
última aportación al vino, está lista
para su consumo.
Nos encontramos como beneficiarios de un envejecimiento
positivo en botella a los tintos, blancos, y los oportos
vintage. Es conveniente matizar en éste punto
la importancia del corcho como elemento aislante
entre el vino y su gran enemigo: el oxígeno,
las características esenciales para que
cumpla su función son, hermeticidad, inocuidad,
e impermeabilidad.
La hermeticidad se consigue con una buena relación
entre densidad (peso-volumen) y elasticidad, el corcho
de buena calidad es denso para que por su estructura
no puedan existir fisuras, ni oquedades que permitan
la transmisión de cualquier sustancia entre el
vino y el exterior, y a la vez flexible para conseguir
el efecto ventosa con las paredes interiores del cuello
de la botella, de ésta forma se realiza una junta hidráulica
con el corcho hinchado en el cuello de la botella, consiguiendo
que sea despreciable la cantidad de aire que pudiera
penetrar anualmente en la botella.
La inocuidad la aporta por sus características
constitutivas, siendo únicamente el factor de
riesgo para no cumplir ésta función el
deterioro, si esto ocurre, el vino adquiere unos aromas
a corcho (bouchone), o a humedad en el caso de enmohecimiento.
La impermeabilidad, se dice que las botellas
han de permanecer horizontales para que el corcho esté
húmedo, y parece que se contradice con ésta
propiedad del corcho. Es cierto que es imprescindible
que la botella se encuentre en esa posición y
no en vertical, pero es así para que cuando se
produzca un cambio térmico en el ambiente en
el que se encuentra la botella, la presión depresión
que se ejerce en el interior de la botella debido al
aumento o disminución del volumen del vino, sea
éste el que ocupe el espacio entre el corcho
y el vidrio, y no lo haga el aire, que de ésta
forma evitará la oxidación del vino y
el mencionado bouchone.
Cuando el vino pasa de estar en un estado de micro-oxidación
en la barrica a un estado de reducción en
la botella, se produce lo que se denomina el mal
de la botella, es decir el vino rompe su armonía
organoléptica necesitando un tiempo de reposo
para volver a integrarse. Una vez superada ésta
fase se comienza ha desarrollar los llamados bouquet
de reducción, en contraposición a
los aromas frutales que van perdiendo fuerza, el cuero
ruso (el más elegante de los cueros), frente
al más agresivo de la marroquinería, los de carne
fresca y sobre todo los de jugo de carne que se detectan
más fácilmente en boca. Más tarde
aparecen los denominados aromas de animal, que tienen
una relación directa con aquellas cepas de taninos
vigorosos como la cabernet, monastrell, cariñena,
syrah, si bien con el paso de los años son identificados
en cualquier variedad.
En algunos vinos el bouquet de reducción
puede dar olores desagradables, son los denominados
a cerrados, a botella, a luz, nos trasladan a
olores de civeto, de pelo mojado de animal, a
sudor, inclusive pueden llegar a vientre de
liebre, son producidos por los mercaptanos, que
tienen azufre reducido, si bien con una oportuna decantación
para oxigenar y airear el vino podríamos conseguir
rebajarlos en intensidad, sin menoscabo del resto de
las propiedades a conservar en él, si no lo logramos
estaríamos ante un vino deteriorado, producidos
por la unión de éstos mercaptanos al alcohol.
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