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II. LA PERCEPCION.
4. PERCEPCION GUSTATIVA. El vino
es una bebida clasificada como golosa, dado que cumple
unas funciones diferentes a las de quitar la sed.
En la boca, se encuentran una serie de órganos, que
forman entre todos, el conjunto de receptores finales, en
los que el vino expresa todo su poder embaucador, desplegándose
y desnudándose ante nuestros sentidos, ciertamente
ya no hay especulaciones más o menos certeras, ha llegado
el momento. Empezaremos por recordar que las papilas gustativas,
capaces de ser estimuladas por las sustancias que ingerimos
sólo detectan los cuatros sabores básicos.
Esta teoría establecida en 1864 parece estar dando
paso a una más compleja de polivalencia selectiva,
aceptando sabores intermedios, y compuestos de mezcla entre
los mismos. Ahondando en ésta teoría, se explica que
las papilas no son tan estancas y limitadas en la percepción
de un solo sabor, ya que casi todas tiene yemas diferentes,
y por lo tanto, capaces de ser sensibles a varios sabores
simultáneamente, dato que hemos de conocer, para calibrar
ponderadamente nuestras percepciones en boca.
Los sabores, dulces, salados, ácidos y amargos,
y sus referencias en las sustancias, sacarosa, cloruro sódico,
ácido tartárico o cítrico, y sulfato
de quinina o cafeína respectivamente, son percibidos
por la lengua y por las papilas distribuidas en ella, fungiformes,
caliciformes, foliadas y filiformes. Sabemos que donde no
hay ninguna papila gustativa es en la parte central superior
de la lengua, localizándose las de mayor sensibilidad
a los sabores dulces en la parte anterior, los sabores
amargos en la parte posterior o final, en forma de
"V", y de gran tamaño fácilmente observables
al sacar la lengua, los salados en los bordes anteriores
de la lengua, y los ácidos en los laterales posteriores.
Se preconiza la existencia de un quinto sabor, llamado
umami, parece que la población asiática
posee más capacidad de percepción que la población
occidental, se le identifica con el glutamato de sodio, si
bien no parece totalmente confirmada ésta teoría.
Se preconiza la existencia de un quinto sabor, llamado umami,
parece que la población asiática posee más
capacidad de percepción que la población occidental,
se le identifica con el glutamato de sodio, si bien no parece
totalmente confirmada ésta teoría.
La percepción gustativa del vino, viene estructurada
en tres o cuatro fases bien delimitadas y diferenciadas:
ataque o entrada en boca, evolución, impresión final
y persistencia, y por último el postgusto
si lo hubiera.
En la fase de evolución hay que prestar
una atención especial a tres características de
suma importancia, y por lo tanto con un tratamiento de
apartados específicos, son el equilibrio, la estructura,
y los aromas o buque en boca.
4.1. ATAQUE O ENTRADA EN BOCA. Se
denomina sensación directa, o primera impresión,
al primer contacto del vino en boca, los labios son los primeros
en entrar en contacto con el vino, lo primero que percibimos
es la temperatura, tanto éstos como la lengua son auténticos
detectores térmicos en defensa de zonas mucho más
sensibles a posibles agresiones de alta o baja temperaturas.
Con un poco de práctica, son capaces de detectar una
variación de temperatura de un grado centígrado,
en la horquilla de ocho a veinte, que son las temperaturas
más normalizadas en la toma de vinos.
A continuación el vino comienza a enseñar sus
primeros sabores, estos tienen que ser francos, limpios, y
presentarse de forma clara, los sabores dominantes son
vinosos, dulces, melosos y suaves, tienen una duración
de dos a cinco segundos, siendo pues sabores de percepciones
rápidas y sostenimientos cortos, la ubicación
de las papilas especializadas para esos sabores (fungiformes),
que se encuentran localizadas en su mayor cantidad en la parte
anterior de la lengua, son los responsables de este hecho.
Estas sensaciones cálidas, melosas, inclusive
dulces, no son exclusivas de los vinos que contengan
azúcar residual en gramos suficientes para catalogarlos
como semi o dulces. En los secos, cuando el vino tiene menos
de cinco gramos de azúcar residual por litro, el alcohol
etílico en dosis de 72 a 120 gramos por litro,
equivalentes a vinos de entre 9ºvol. y 15ºvol. son suficientes
para que recibamos esta sensación de dulzor,
sin ser una sustancia químicamente dulce, a la vez
en los vinos semi o dulces actúa como potenciador de
los sabores dulces.
Al hecho anterior se le añaden otras sustancias menos
representativas cuantitativamente pero no cualitativamente
como el glicerol, alcohol que se encuentra en dosis de dos
a cinco gramos/litro, y los mucilagos.
Con práctica detectaremos las diferencias entre el
dulzor limpio provocado por los azúcares residuales
naturales provenientes de las uvas, o los adicionados por
la chaptalización, u otros sistemas de vinificación
o crianza, como el arrope típico de algunos vinos dulces
de la V.C.P.R.D. de Málaga.
4.2. EVOLUCION DEL VINO EN BOCA.
La evolución del vino en boca hace desaparecer
paulatinamente los sabores dulces, apareciendo los ácidos,
y posteriormente los amargos. Dependiendo del tiempo
que se sostenga la primera impresión, de sabores vinosos,
cálidos, suaves, melosos, bien integrados necesariamente
con la evolución del resto de los sabores, tendremos
una calificación de vino largo o corto.
Así pues cuando la evolución del vino en boca
nos lleva a un sostenimiento de las sensaciones percibidas
en el ataque y a un equilibrado y lento proceso de percepciones
de los sabores ácidos y notas amargas diremos que el
vino ha evolucionado bien y tiene un buen paso de boca,
que se mantiene bien en boca.
Por el contrario si rápidamente percibimos el frescor
de los ácidos y la astringencia de los amargos, estaremos
hablando de vinos que se vuelven cortos, y poco atractivos.
Los sabores ácidos tienen una percepción
rápida, y se sostienen bien en el tiempo,
lo mismo que los salados que son infrecuentes detectarlos
en los vinos, por el contrario los amargos se perciben
más tarde y se sostiene más tiempo,
la duración de ésta fase es de cinco
a doce segundos.
El vino tiene seis ácidos orgánicos principales,
tres vienen de la uva aportando un sabor ácido puro,
el tartárico con un sabor duro, el málico
con sabor verde, y el cítrico con sabor
más fresco. Los otros tres, provienen de la fermentación
alcohólica y las acciones bacterianas, con sabores
más complejos, el succínico con gusto intenso
a la vez salado y amargo, el láctico con sabor agrio,
y el acético también agrio.
Existe un ácido que tiene presencia en una dosis significativa
llegando, hasta los dos gramos litro, en los vinos de elaboración
a base de la podredumbre noble y los elaborados con el sistema
de asoleo del grano, es el ácido glucónico.
Cuando hablemos de sabores amargos no debemos confundirlos
con la astringencia, son sensaciones distintas, aunque van
muy unidas.
El sabor amargo es una reacción de las
papilas gustativas (caliciformes) a unas sustancias
que contiene el vino del tipo ácidos-fenoles, y a los
taninos condensados, provenientes de los hollejos, pepitas
de las uvas, y de los escobajos.
La astringencia es un sabor de los denominados
ápticos, la sensación de la astringencia
viene producida por las sustancias fenólicas ó polifenoles,
provenientes del hollejo de la uva, y si el vino ha tenido
crianza de los taninos de la madera. Y su reacción
en la boca es más táctil que gustativa, dando
una sensación de sequedad, rugosidad y aspereza, esto
se produce por la reacción fisiológica de los tejidos
orgánicos de la boca, endureciéndose y deteniendo
la secreción de saliva, lo que produce que notemos
como la lengua no se desliza en la boca como es habitual.
Hemos hablado muy poco de los sabores salados, los
vinos tienen una concentración nada desdeñable
en sales minerales, sustancias que aportan el sabor salado,
habitualmente unidos a sabores amargos y ácidos, la
cantidad en gramos es de dos a cuatro por litro de vino, de
bitartrato de potasa, siendo ésta la sustancia más
abundante en los vinos, se trata de un sabor que no
es apreciado individualmente pero cumple la función
de realzar, dar frescura y equilibrar al resto, si bien queda
oculta por la composición global del vino.
4.3 EQUILIBRIO. Ya hemos tratado
los sabores individualmente, pero es obvio que cuando catamos
esta percepción es global, así hablamos del
vino equilibrado cuando se establece una relación
de equidad, no detectándose preponderancia en alguno
de ellos, este equilibrio principio fundamental a la hora
de valorar el vino en la cata, viene dado por la relación
entre dulces por un lado con ácidos, amargos, y salados
por otro.
En los vinos blancos, al no tener taninos, o muy poca
cantidad, el equilibrio se limita a los dulces por un lado
y los ácidos y salados por otro, éste hecho
viene producido al no macerar los hollejos con el mosto, no
adquiriendo por tanto los taninos de la uva, que se encuentran
en ellos. Por el contrario en los tintos la incorporación
de los taninos a la masa vínica enriquece en
complejidad éste equilibrio aportando los sabores
amargos, característica de esta sustancia fenólica.
4.4 ESTRUCTURA. La estructura del vino viene determinado
principalmente por lo que se define como extracto seco,
el vino tiene una cantidad de veinte a treinta gramos por
litro de sustancias disueltas, y son las responsables
del sabor. Cuando hablamos del cuerpo de un vino, hacemos
referencia a la sensación de volumen que percibimos
en boca según su estructura, y que se nos representa
en nuestra imaginación como un objeto geométrico
determinado, un vino es opulento complejo, sabroso,
cuando sus sustancias olorosas y sápidas están en cantidades
suficientes para que podamos percibirlo así, al igual
otro vino sin estas características se nos presentará
simple, pobre, modesto.
Uno de los esquemas muy utilizado en el vocabulario de los
catadores, es hacer referencia a la morfología humana,
así cuando tengamos la suerte de catar un vino de
gran estructura y percibamos ese volumen geométrico
determinado emplearemos términos como éstos: corpulento,
musculoso, viril, carnoso, vertebrado, etc. Cuando por
el contrario el vino no tenga ese atributo en estructura
hablaríamos de: esquelético, descarnado,
delgado, blando, etc. Como se ha podido apreciar estas
descripciones del vino pertenecen al lenguaje imaginativo,
se trata de ser capaz de comunicar una percepción real,
pero que se desarrolla en el plano de la imagen abstracta
dentro de nuestro cerebro, es lo contrario a las percepciones
concisas que se han desarrollado hasta ahora.
4.5. AROMAS O BUQUE EN BOCA. Cuando
mantenemos el vino en la boca, necesariamente y sin entrar
en el mecanismo mandamos los olores de éste a la nariz
por la denominada vía retronasal, o vía indirecta.
Hay una técnica para emulsionar el vino
y llevar de una forma forzada y de gran caudal el flujo de
aire hasta la nariz, mantenemos el vino en la parte superior
de la lengua se agacha la cabeza, entreabrimos los labios
apretados en forma de circulo, e inspiramos por la boca con
fuerza, el vino gorgoteará y dejaremos la rinofaringe
abierta para que el caudal de aire salga con toda libertad
por la nariz. Con ésta técnica liberaremos una
mayor cantidad de sustancias odoríferas en la
emulsión, y al mismo tiempo llevaremos gran caudal
de aíre, arrastrándolas a los receptores olfativos,
ya explicados en la percepción olfativa.
Tengamos cuidado las primeras veces que empleemos esta
técnica, porque hay riesgo real de atragantarse
y mandar al vino al conducto respiratorio pulmonar.
Los aromas o buque en boca, nos dan una ampliación
de los percibidos por vía directa, ésta
ampliación es producida por un lado, en el aumento
de temperatura que recibe el vino en nuestra boca, liberando
sustancias olorosas pesadas y grasas, que en vía directa
no se desprenden de la masa vínica, y en otro por
la emulsión expresada anteriormente. Establecemos
la limpieza de estos aromas, su intensidad, su nitidez, y
su complejidad, al mismo tiempo que los comparamos con los
percibidos en vía directa y vemos si son los
mismos o si realmente el vino nos ocultaba aromas
o buque de fondo.
4.6. IMPRESIÓN FINAL Y PERSISTENCIA.
La impresión final irá dominada por los
sabores ácidos y amargos, siempre ponderadamente,
y sin sensaciones desagradables, no digamos álgicas;
tanto los ácidos como los amargos-astringentes en soluciones
altas y desequilibradas pueden llegar a ser percibidas con
síntomas de dolor. La impresión final y la
persistencia están muy unidas.
Una vez ingerido el vino, el tiempo que éste siga
estando sensorialmente en nuestra boca se denomina persistencia,
y es una característica de gran importancia a la hora
de valorar la calidad de un vino, si bien nunca será
más importante, que la calidad global en
equilibrio entre los sabores y aromas grasos que son los
que se manifiestan y se mantienen en ésta fase, no
es de valorar positivamente una persistencia larga
sin armonía y redondez, empíricamente estaríamos
hablando del alma del vino, por lo tanto ésta
ha de ser limpia.
Existe una medida para cuantificar esta sensación,
son las caudalias, una caudalia es igual a un segundo,
si bien sabemos que distintos tipos de vinos tienen necesariamente
distintas caudalías, nunca comparables entre ellos. Por lo
tanto, no se establece una tabla lineal, para todos, y no
se catalogan por este aspecto a los vinos jóvenes de
inferior calidad que los que han recibido crianza.
Las caudalías se encuentran en un arco de tres, cuatro,
en vinos jóvenes blancos afrutados y frescos, pudiendo
llegar en olorosos, viejos amontillados, y en algún
gran licoroso natural a más de veinte.
4.7. POSTGUSTO. Como última
sensación a tener en cuenta en boca, y que podríamos
encontrarnos en la cata, está el postgusto, se trata
del cambio de sensaciones percibidas en el transcurso de la
persistencia, habitualmente son, sensaciones defectuosas,
que nos hacen percibir fondos extraños inarmónicos,
y que rompen con los sabores agradables que nos dejó
el vino en su paso por nuestros sentidos, modificando la armonía
de lo que tendría que ser última fase en la cata la
persistencia. Algo que es muy habitual es confundir el concepto
de postgusto con el de aromas o buque en boca, siendo ésta
una fase de percepciones olfativas como ya sabemos, o incluso
identificarlo como persistencia, tengamos claro cada uno de
las fases, para poder evaluar perfectamente las virtudes y
en este caso el posible defecto.
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